"Solo puedes amar lo que conoces"
Ciervos en el Prepirineo. Caza fotográfica después de la Berrea.
La berrea del ciervo ya está llegando a su fin esta temporada, pero aún así viajo hasta el P.N. del Cadí-Moixeró para intentar filmar algún ejemplar. Me dirijo a una zona en la que nunca he estado, así que esta jornada de caza fotográfica tendrá también un componente importante de reconocimiento y exploración. No tengo un mapa oficial del lugar, pero pude descargar uno desde internet que me servirá como referencia básica para orientarme. La previsión meteorológica indica temperaturas frescas y algo de viento, con posibilidad de algún chubasco disperso.
Tras casi dos horas de viaje desde Barcelona, llego a primera hora al sitio escogido. Me aproximo en el 4x4 siguiendo pistas de tierra que ponen a prueba tanto al vehículo como a mi destreza al volante. Cuando llego al final de la pista preparo una mochila con todo lo imprescindible para pasar el día y empiezo a caminar. No tardo en encontrar huellas de ciervo en la zona: están aquí. Mi corazón deja caer un profundo suspiro. Los bosques de pinos y robles, las montañas y los verdes prados, me regalan un entorno que despierta en mí todas las sensaciones que venía buscando: veo naturaleza y colores por todas partes, siento el olor de los árboles, escucho el canto de los pájaros del bosque, mis pies se hunden en el suelo cubierto de musgo, el viento suave acaricia mi rostro. El aire es fresco, pero no siento frío. La luz oscila al paso de las nubes altas que tapan por momentos el Sol del otoño, jugando alegremente con las sombras.
Me muevo de aquí para allá con todos los sentidos abiertos, pero no encuentro ciervos. No escucho el bramido de los machos retumbando en los valles, no veo ningún movimiento de cuernas entre la espesura. Dos horas después regreso al coche y decido cambiar de lugar en la misma zona. Recorro la pista inmerso en un traqueteo constante y aparco junto a un espacio que me transmite buenas sensaciones. Allí, tras una larga e intensa búsqueda, encuentro excrementos que, por su aspecto y tamaño, parecen corresponder a un ciervo, quizás a un gran macho. Me sumerjo a pie en el bosque abierto, y durante horas alterno momentos de rececho sigiloso con esperas al acecho en absoluto silencio e inmovilidad, como si fuera una parte más del paisaje, otra roca, otro árbol. Pasa volando un arrendajo, escucho el graznido de los cuervos en la lejanía, se escucha el crujir de una rama... pero poco más.
Pasa la tarde y la luz se va marchando. Siento que el día toca a su fin y que mi objetivo tendrá que posponerse. Nunca he fotografiado a un ciervo en libertad en su entorno salvaje. Me dirijo al coche, cargo el equipo y desciendo por la pista. Y entonces, la veo. Está en la otra vertiente del valle, a unos doscientos metros, más allá de un barranco insalvable. A simple vista solo es una figura oscura, tranquila, paciente... Desciendo con la cámara y, ante la imposibilidad de acercarme más, enfoco el instante: una preciosa cierva solitaria pasta en un claro del bosque entre los pinos, al tiempo que el Sol desaparece tras las montañas boscosas.
Y así, recibo de nuevo un gran regalo de la madre Tierra: mi primer ciervo salvaje en libertad, en plena Naturaleza, que me hace sentir completamente feliz.
Mantén siempre viva tu esperanza, hasta el final.
FOTOS y VIDEO. Fecha: 10.10.2026. LUGAR: Parque Natural Cadí Moixeró, Cataluña. Fotos: 1. Huella de ciervo. 2. Excrementos de ciervo. Por su tamaño, casi 3 centímetros, deduzco que pertenecen a un macho. 3. Vista panorámica de las Montañas del Cadí. 4. Un momento del rececho sigiloso en el bosque. 5. Una hembra de ciervo (Cervus elaphus) pasta tranquila en una zona de bosque abierto a última hora de la tarde, casi sin luz y a doscientos metros. Cuando la berrea llega a su fin, los grupos de ciervos se dispersan. Los machos forman pequeños grupos de solteros y las hembras regresan a su vida en pequeños grupos familiares. CÁMARA: Canon EOS R7+ RF 200-800 y RF-S 18-150.
Muflones en el Pirineo. SOLO en el valle salvaje.
Explorando el Cañón del Río Lobos. El eclipse del corzo.
El Pirineo salvaje de la Val d'Aran. Donde la naturaleza escribe el guión.
El Pirineo de la Val d’Aran es un lugar salvaje en el que la vida nunca descansa. Lejos de las aglomeraciones de las zonas más frecuentadas, existe un valle donde las aves rapaces, las marmotas y otras muchas especies son relativamente fáciles de observar. Pero siempre es la Naturaleza la que escribe el guión de mis vídeos y decide qué es lo que va a mostrarme.
Remonto el valle con un equipo básico de trekking y una cámara ligera. Es un terreno que conozco desde hace muchos años y que he recorrido varias veces. Pero nunca deja de sorprenderme.
En el cielo, un grupo de Buitres leonados asciende haciendo grandes círculos, dejándose llevar por las corrientes térmicas. Algo más adelante, me encuentro con algunos ejemplares que todavía están en el suelo. Seguramente han estado alimentándose del cadáver de algún animal, y estos últimos rezagados del grupo, con el buche lleno, esperan el momento de levantar el vuelo. Más allá, unos cuervos descansan en el tronco seco de un pino negro. Seguramente han participado del banquete de los buitres.
El sendero me lleva hasta una pequeña cascada en la que el agua corre alegre entre los cantos redondeados por siglos de erosión continua. Estas aguas puras, de fuertes corrientes y cristalinas, son el entorno ideal del Mirlo acuático. Y para mi sorpresa, uno de ellos se encuentra aquí mismo capturando larvas y pequeños crustáceos o insectos. Es un ave sorprendente. Su plumaje impermeable y unas membranas nictitantes transparentes bajo sus párpados le permiten sumergirse repetidamente en estas aguas bravas y gélidas para capturar su alimento.
He remontado la primera cascada, y a lo lejos diviso una segunda, más alta y poderosa. Desde las pocas sombras que encuentro en el sendero, acecho la posible presencia de animales en las laderas. Pero no veo nada. Escucho en silencio, pero solo el ulular de la brisa caliente y el fresco murmullo del arroyo llegan hasta mis oídos. Veo un rastro claro de un zorro que se alimentó de bayas, el rojo intenso de los frutos del serbal, una lagartija roquera que toma el sol… Y cuando menos me lo espero aparece una gran marmota en la distancia. Parece atenta a algo que no soy yo.
Sí, en el cielo una figura alada casi blanca vuela en círculos rastreando el territorio. Es un águila culebrera que busca grandes lagartos o serpientes de los que se alimenta. Pero la marmota centinela intuye peligro y lanza su grito de alarma para avisar al resto del grupo, que debe andar escondido en las grietas bajo las grandes rocas. Es un día tan caluroso, que la mayoría de los animales se encuentran recogidos en sus refugios. Aunque no los veamos, ellos están ahí.
Sigo avanzando hasta superar un paso equipado con un pasamanos metálico adosado en las rocas. Me encuentro entonces a unos dos mil metros de altura y he superado la segunda cascada. A esta altitud los árboles desaparecen y el paisaje se transforma en algo mucho más indómito e inhóspito, casi marciano. Conozco el camino hasta las cimas, y sé que podría encontrarme con más animales, pero es casi mediodía y el calor es muy intenso, aguzado por el viento caliente y los rayos del sol que me hacen sentir como si estuviera dentro de una secadora de ropa incandescente. Mojo mi camiseta y mi sombrero en un hilo de agua y decido que por hoy ha sido suficiente.
El verde y frondoso valle me espera allí abajo. El agua me llama, como el canto de las sirenas, irresistible.
Vuelvo a cruzar el denso y mágico bosque de hayas. Entonces aparece un Trepador azul, un ave preciosa, inquieta y veloz, la única capaz de descender los troncos cabeza abajo. Pero hoy, durante unos segundos, me regala una pose estupenda y logro filmarla. Hasta que desaparece de un salto como impulsada por un resorte.
Las sombras del bosque me llevan de nuevo al maravilloso frescor del arroyo de montaña, en el que como punto y final, la Naturaleza me obsequia con la presencia de una lavandera cascadeña que busca su alimento haciendo equilibrios entre las piedras. Ella no tiene el plumaje impermeable ni puede sumergirse como el mirlo acuático, así que su misión es un “más difícil todavía”.
Nada es fácil en las montañas indómitas. La vida corre como el río, vuela como el aire, y yo agradezco haber podido estar aquí una vez más, disfrutando de las sensaciones que me acercan a ser yo mismo. El Pirineo salvaje de la Val d’Aran nos recuerda que somos una pequeña parte de algo mucho más grande.
Buceo en la Reserva marina de la Isla de Tabarca
La Reserva Marina de la Isla de Tabarca está en la Costa Blanca, frente a Santa Pola, en Alicante. Fue la primera reserva marina en España, declarada como tal en 1986. Sus aguas cristalinas, su rica biodiversidad en especies marinas y el conjunto monumental histórico artístico de esta fortaleza flotante del siglo XVIII, merecían una visita.
Tras llegar a la isla en una lancha rápida, aprovecho la primera hora de la mañana para recorrer la población y valorar cuál puede ser el mejor punto de inmersión. Un cormorán grande que descansa tras su pesca matinal me parece una buena señal, así que inicio la inmersión en la Cova del Llop marí, en la costa sur de Tabarca.
Nada más entrar en estas aguas cristalinas el fondo marino me regala un impresionante espectáculo de vida, de luz y de color. Entre las rocas recubiertas de algas aparecen frondosas praderas de posidonia y muchas especies de peces habituales del Mediterráneo: fredis, serranos, sargos, alguna mojarra, tordos, doradas, salemas...
Voy recorriendo el itinerario previsto alternando momentos de flotación en superficie con inmersiones a 3 o 4 metros de profundidad. A medida que avanza la jornada comienzan a aparecer especies más difíciles de avistar: un mero pequeño escondido en una grieta, un precioso corvallo que busca refugio al verme...
Y entonces ocurre algo completamente inesperado. Este será el momento más
intenso de la jornada. Debajo de mí, una silueta alargada de casi un metro de
longitud se mueve sigilosamente en busca de presas. Aunque no estoy seguro,
creo que se trata de un Espetón, un voraz depredador perteneciente a la familia
de las Barracudas.
Estudio sus movimientos y espero el momento más adecuado para sumergirme a
su lado y tomar las mejores imágenes posibles. Con el corazón acelerado, salgo
a la superficie completamente emocionado por este último encuentro que
recordaré toda mi vida.
Entonces me doy cuenta de que ya estoy junto a la playa grande de Tabarca.
Así que decido regresar al punto inicial y comienzo el regreso escoltado por un
banco de grandes obladas.
Al salir del agua regreso a la realidad que me espera en tierra: los
polluelos de gaviota pidiendo comida a un adulto, la playa grande cada vez con
más gente que viene a pasar el día en la isla… Pero yo ya he completado mi
misión. Así que tomo la primera lancha rápida para continuar mi viaje por el Mediterráneo
salvaje en apnea.
Los mejores momentos ocurren cuando y donde menos te lo esperas.
Mediterráneo salvaje en apnea: 11 especies de la Costa Brava
Para realizar el segundo episodio de Mediterráneo Salvaje en Apnea, mi proyecto más especial para este verano del 26, me dirijo muy temprano a uno de los tramos más mágicos de la Costa Brava. Cuando llego me encuentro el Mar en calma, agua cristalina, una luz perfecta y no demasiada gente. He preparado un recorrido circular entre tres preciosas calas de Platja d’Aro y Sant Antoni de Calonge. Parece uno de esos días que empiezan bien.
Con mi equipo básico de apnea y la cámara lista, entro al agua y el espectáculo arranca sin avisar. Raspallones, mojarras, fredis, julias, serranos, salmonetes de roca… todo a la vez, como si hubiera caído de bruces en un acuario salvaje que no entiende de pausas ni de presentaciones.
Alterno momentos de flotación en superficie —ventilo, recupero, observo— con inmersiones de tres a seis metros de profundidad, jugando con la luz y las sombras del fondo. En una de esas bajadas, una gran pared de roca me guía hasta un banco enorme de salemas que explota saliendo desde una grieta como si el Mediterráneo se abriera para saludarme. Las persigo unos segundos maravillado...
Desde arriba veo movimiento por todas partes. Un sargo picudo rebusca comida acompañado por un fredi y varias mojarras. Más abajo, en una hendidura oscura, unos tordos se dejan limpiar con una calma casi hipnótica. Es un ecosistema en plena coreografía. Dudo si bajar a filmar esa estación de higiene y servicios... pero sé perfectamente que cuando descienda el momento se diluirá por completo.
De vez en cuando levanto la vista hacia la costa para confirmar la ruta que estudié antes de venir… pero el fondo me reclama enseguida. Aparecen las primeras posidonias y los primeros erizos de mar de la temporada. Bajo a verlos: parecen erizos negros, brillantes y perfectamente colocados como si alguien los hubiera puesto ahí para decorar.
Sigo avanzando pegado a las grandes rocas, mi mejor escondite para acercarme sin ser visto en este entorno tan diferente a los Bosques, Montañas y Humedales en los que paso gran parte del año. Mojarras, posidonia, un fredi que pasa como un rayo, tordos que patrullan… este Mediterráneo está muy vivo, y cada momento me regala una escena distinta y a cual más preciosa. Me cuesta fijar el objetivo de la cámara en un plano concreto porque lo grabaría todo!
Estoy disfrutando como cuando era un niño. Años de entrenamiento de fuerza, cardio y piscina hacen que este recorrido sea, para mí, puro placer. Me permito incluso experimentar: dejo la cámara en el fondo para grabarme… pero una julia macho decide robarme el plano. Se acerca, me mira, posa, juega conmigo unos segundos. Un momento inesperado y precioso que ha quedado filmado en el vídeo.
Subo, respiro, bajo otra vez. El ciclo perfecto. Voy a por un banco de raspallones y termino rodeado de castañuelas, salemas y un grupo de obladas que cruza a toda velocidad. Aquí abajo es imposible aburrirse. La biodiversidad de esta zona es una locura. Y me encanta enseñarte lo que hay bajo esa superficie azul que vemos desde las calas cuando estamos tumbados sobre la arena. Las posidonias tienen mucho que ver con ello: aportan oxígeno, refugio, claridad del agua… son el corazón de este ecosistema.
Una hora después, el límite de seguridad que me marqué, salgo del agua completamente feliz. Ha sido una jornada espectacular que me alegra poderte compartir en vídeo... Espero que te guste!
Buceo en la Costa Dorada: obladas, sargos y salemas. Mediterráneo salvaje.
Encuentro con la Garcilla Cangrejera. La pescadora de precisión del Delta.
La primavera siempre tiene algo especial en el Delta del Llobregat, pero hay días en los que la naturaleza decide mostrarse con una generosidad inesperada. Hoy es uno de esos regalos. La luz es suave, el aire huele a jazmines, ginestas y zarzamoras, y siento esa calma única que solo aparece en los humedales cuando el mundo parece detenerse por completo.
El primer instante que me sorprende es fugaz: un Martinete posado en un árbol, sosteniendo una rama en el pico. Apenas cinco o seis segundos, pero suficientes para dejarme con la sensación de haber presenciado algo poco habitual, casi íntimo. El Martinete es un especie de garza que destaca por sus hábitos nocturnos. Verla a plena luz del día, y en un árbol con una rama en el pico, es un triple exponente de sensaciones. La vida sigue su curso incluso cuando apenas me da tiempo a enfocarla.
Un poco más adelante, ya en uno de los observatorios habilitados, me encuentro con una escena que me desarma por completo: un grupo de polluelos de Zampullín común persiguiendo a su madre. Intentan subirse a su espalda, como hacen nada más nacer, pero ella los rechaza con relativa suavidad. Han crecido, y ahora toca aprender a nadar, a moverse, a ser un poco más independientes. La infancia puede durar muy poco tiempo en el Delta.
Disfruto observando a viejas conocidas como la Garza imperial, que se posa directamente en unos juncos para iniciar un acecho sigiloso en su estilo habitual de "cazadora fantasma", y una Garceta grande que se mueve lenta y elegantemente por la laguna en busca de presas. Van pasando otras muchas especies de aves por delante de mi cámara: ánades reales, ánsares comunes, fochas...
Y entonces llega la gran sorpresa del día. Una silueta pálida aparece entre los juncos a lo lejos. Si quiero verla mejor tendré que cambiar de posición y acercarme con cuidado. Una vez en el nuevo punto de observación puedo verla perfectamente: es una Garcilla cangrejera, una visitante esquiva y escasa en estos humedales. La estoy filmando cuando de repente lanza su pico y en un instante engulle un pez de buen tamaño. Poder observarla en plena acción, pescando con una precisión casi quirúrgica, es un auténtico privilegio. Cada movimiento, cada lance, parece calculado al milímetro. Varias veces la veo pescar pececillos, hasta que finalmente desaparece fundiéndose con el carrizal.
La jornada avanza entre Cigüeñuelas, Charranes, Garcetas y un sinfín de pequeñas vidas preciosas que llenan el Delta de sonidos y movimiento. Las flores de la zarzamora anuncian los frutos que llegarán al final del verano. Todo sigue su ritmo, paciente y constante.
Este relato, y el vídeo que lo acompaña, es mi pequeño homenaje a esta mañana luminosa de primavera, a la belleza discreta del Delta y a la vida que late en cada rincón. Un recordatorio de lo frágil que es este lugar, uno de los espacios naturales más valiosos —y a la vez más presionados por la actividad humana— del área metropolitana de Barcelona.
Una primavera en calma: Naturaleza salvaje y silvestre en estado puro.
FOTOS y VIDEO. Fecha: 17.05.2026. LUGAR: Delta del Llobregat Fotos: 1. Madreselva japonesa (Lonicera japonica) 2. Zampullín común (Tachybaptus ruficollis) seguido por sus polluelos. 3. Panorámica del Delta del Llobregat (Marisma de las Filipinas) 4. Martinete común (Nycticorax nycticorax) 5. Garcilla cangrejera (Ardeola ralloides) CÁMARA: Canon EOS R7 + RF 200-800 y RF-S 18-150.
Corzos en Primavera. Rececho fotográfico y apoyo de fortuna.
Después de un sábado de lluvia continuada, la meteo promete mejor tiempo para el domingo por la mañana. Preparo el equipo fotográfico, la mochila, y compruebo la hora de la salida del sol: 6:40 AM. A esa hora debería estar ya en la zona elegida.
Me despierto muy temprano y, tras un viaje de hora y media, llego al lugar pocos minutos antes de que el sol rompa la niebla en el horizonte. Por un momento siento que estoy en otro planeta, o frente a algún tipo de aurora boreal: el cielo vibra en tonos naranjas por efecto de la refracción de la luz en las nubes, y el ambiente se vuelve entre mágico y místico.
Establezco el primer punto de observación. Los pequeños trigueros y pardillos se posan en las copas de los árboles, añadiendo sus trinos como fondo a los juegos de luces de la mañana. Mire donde mire, las amapolas, las rosas caninas y tantas otras flores suman sus notas de color al paisaje que despierta. En un campo de trigo encuentro señales claras del paso de dos animales, y junto al camino, en el barro aún mojado, huellas frescas de corzos y alguna de jabalí. Entonces escucho el ladrido de alarma de los corzos, que surge desde la profundidad del bosque. Quizás ellos ya me han detectado.
Comienzo el rececho con el máximo silencio y sigilo. Avanzo entre robles, encinas y pinos, atravesando con cuidado los campos de cultivo que salpican el territorio. Paso casi dos horas moviéndome despacio, deteniéndome cada pocos pasos para escuchar, observar y sentir. Cuando parece que el día no dará ningún fruto, una corza aparece a unos cien metros. Avanza alerta, se mueve rápida y desaparece en la floresta. Intento rodearla para colocarme en una mejor posición. Me parece ver las orejas de un zorro que se esfuma entre las sombras. Un águila pasa sobre mi cabeza emitiendo un agudo chillido.
Llego a un punto desde el que puedo ver a dos corzos —un macho y una hembra— a través de las ramas del roble que me oculta. Están a unos 80 metros. Pero aquí no podré tumbarme ni apoyar el objetivo sobre la mochila: la vegetación del campo me impediría tener una visual limpia. Pienso en otras opciones… y entonces veo un antiguo poste de la luz, algo más arriba. Puede ser la mejor solución para tener un apoyo de fortuna, mucho mejor que “tirar” a pulso puro a tanta distancia con el 800 mm.
Desde allí consigo grabar varios minutos, con la adrenalina corriendo como un torrente por mi cuerpo. La pareja de corzos ramonea en la linde del bosque. No me detectan en ningún momento. En fotografía de naturaleza y fauna, un principio fundamental que respeto siempre es no interferir ni molestar a los animales. Cuando me marcho, los corzos siguen comiendo sin saber que han sido los protagonistas de este vídeo.
El Bosque hoy me ha regalado un nuevo momento espectacular. El agua vuelve a fluir alegre y cristalina en el arroyo; las rosas caninas, con sus pétalos aún mojados, darán sus frutos en otoño. La vida sigue su curso…
FOTOS y VIDEO. Fecha: 10.05.2026. LUGAR: Bosques de la Cataluña central. Fotos: 1. Pardillo común (Linaria cannabina) 2. Flor de Rosal silvestre (Rosa canina) mojada por la niebla. 3. Panorámica de la salida del Sol desde el primer punto de observación. 4.y 5. Corza hembra y Corzo macho (Capreolus capreolus) CÁMARA: Canon EOS R7 + RF 200-800 y RF-S 18-150
Filmando aves y naturaleza en Montjuïc.
En enero (2026) me propuse un reto sencillo y ambicioso a la vez: filmar una serie de vídeos que mostraran la diversidad de aves que habitan en Montjuïc. Hasta entonces solo había publicado un vídeo de fotografías con más de veinte especies, una pequeña muestra de las más de cincuenta que tengo registradas en mis anotaciones personales.
Para avanzar en este proyecto salgo dos o tres veces por semana a recorrer distintos rincones de este gran parque urbano, uno de los mayores de Europa. En pleno invierno, a finales de enero, publiqué el primer capítulo. Luego el segundo y el tercero. Hace unos días, ya en mayo, publiqué el cuarto. Y sospecho que no serán los últimos: las aves vienen y van, aparecen y desaparecen, y algunas son prácticamente imposibles de filmar con mis medios o por su presencia estadísticamente improbable. Las he visto, sí, pero en ocasiones muy contadas y soy consciente que será muy difícil repetir estos avistamientos.
Estas tardes de largos paseos camino despacio, atento y presente, con todos los sentidos puestos en lo que ocurre entre los árboles, los arbustos, el cielo y el horizonte. Suelo vestir tonos neutros —negros, verdes, marrones— y nunca llevo trípode. Forma parte de mi manera de entender la fotografía y el vídeo de naturaleza: ligera, móvil, sin artificios. En Montjuïc, además, prefiero no cargar con un equipo pesado. Me acompaña mi SX70 HS, con sus limitaciones… pero todos los capítulos de la serie están filmados con ella, al igual que la mayoría de mis Shorts.
A la hora de grabar, la luz manda. Cuando aparece un ave tengo tres opciones básicas. A veces no hay tiempo: simplemente acciono el obturador. Si detecto el movimiento y puedo acercarme, uso un árbol como apoyo. Y cuando la escena es muy lejana y necesito la máxima estabilidad, me siento en el suelo, apoyo los codos en las rodillas y sostengo la cámara sin tensión. A distancias focales largas, cualquier rigidez se convierte en un vídeo tembloroso.
Mi relación con Montjuïc viene de lejos. De niño pasaba aquí las tardes de verano. De adolescente recorrí cada rincón con mis amigos. De joven viví la transformación de Barcelona’92. De adulto he entrenado, paseado y observado durante años. Conozco el parque, sé dónde pueden estar las aves y en qué época es más probable encontrarlas. Y aun así, Montjuïc siempre me sorprende con escenas que no habría imaginado.
Cada vez estoy más convencido de que Montjuïc no es solo un parque urbano. Es un bosque vivo, un ecosistema frágil y resiliente que todavía hoy puede regalarme momentos inesperados.
Aquí tienes el Capítulo 4 de la serie Aves de Montjuïc, grabado con esa mezcla de paciencia, azar y presencia que este territorio ofrece cuando se camina sin prisa.
FOTOS Fecha: Mayo 2026. LUGAR: Parc de Montjuïc, Barcelona. Fotos: 1. Herrerillo capuchino (Lophophanes cristatus) con una oruga recién cazada. 2. Flor de Ginesta o Retama de olor (Spartium junceum) 3. Caminando entre la vegetación de uno de mis rincones favoritos. 4. Jilguero europeo (Carduelis carduelis) comiendo semillas en los cardos. 5. Mi SX70 HS, compañera ideal para estas filmaciones urbanas.
Día de Marmotas: rececho fotográfico de primavera en el Pirineo
Hemos subido a las montañas con un plan y un objetivo claros… pero ellas tenían sus propios planes y muchas sorpresas preparadas. Las intensas nevadas de este invierno mantienen el camino impracticable incluso para nuestro 4x4, así que no queda otra que intentarlo a pie, dejando el vehículo a más de diez kilómetros del punto donde esperábamos encontrarnos con las marmotas.
El día es precioso, con un cielo azul profundo que parece recién estrenado. Caminamos en silencio, atentos a cada detalle que emerge del paisaje. La primavera en el Pirineo se muestra radiante, viva y generosa. El agua fluye por todas partes y su música nos acompaña sumándose al canto de los pájaros.
La primera sorpresa llega pronto: un Piquituerto común se posa en un pino negro junto al camino regalándonos su belleza singular. Su pico, cruzado como unas tenazas, está hecho para abrir piñas y extraer los piñones que forman la base de su dieta. Poco después, unas formas extrañas nos llaman la atención en una pequeña charca nacida del deshielo. Son los huevos de la Rana bermeja, flotando en el agua fría mientras los adultos vigilan discretamente nuestra presencia.
Seguimos avanzando entre las cimas del Balandrau, el Tres Pics y el Fontlletera, montañas que he subido en varias ocasiones, recorriendo un paisaje que nos transmite una calma profunda y reconforta nuestras almas. Y entonces aparece el objetivo principal de la jornada: las marmotas, recién salidas de su hibernación. Pasamos casi una hora observándolas y grabando algunas tomas, siempre con cuidado de no interferir en su conducta, intentando ser una parte más del entorno que nos acoge. Corretean por los prados, se acicalan, pero sobre todo vigilan y se muestran atentas a los peligros.
Todas las marmotas que hoy vemos en los Pirineos proceden de los Alpes franceses. Fueron reintroducidas en el siglo XX, después de haberse extinguido en nuestras montañas hace más de 15.000 años. Su reintroducción buscaba ofrecer una presa alternativa a las Águilas reales, reduciendo así la presión sobre las poblaciones de rebecos. Pero las marmotas han sabido defenderse de las Águilas y hoy día puedes encontrarlas, o escucharlas, en los prados de montaña del Pirineo.
Un día lleno de sorpresas, vida, naturaleza salvaje y alta montaña. ¡Un auténtico Día de Marmotas!
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FOTOS y VIDEO. Fecha: 18.04.2026. LUGAR: Parc Natural de las cabeceras del Ter-Freser Fotos: 1. Piquituerto común (Loxia curvirostra) 2. Ranas bermejas (Rana temporaria) en una charca de deshielo 3. Panorámica del cordal entre el Balandrau y el Fontlletera (Girona). 4. Flores de Pascua (Pulsatilla vernalis) 5. Marmota (Marmota marmota). CÁMARA: Canon EOS R7 + RF 200-800 y RF-S 18-150
Acechando a la Garza Imperial en el Delta del Llobregat
Ya es primavera, y en el humedal las primeras flores empiezan a decorar el paisaje con una amplia gama de colores. El aire huele al renacer de la Vida. Camino hacia el puesto de observación con la esperanza de encontrar a la Garza Imperial y en el trayecto un Papamoscas cerrojillo me recibe desde la rama de un árbol, como si quisiera anunciar que hoy algo especial podría suceder.
Una vez instalado en el punto de espera, escudriño el horizonte en busca del objetivo principal de la jornada. La paciencia vuelve a ser mi mejor aliada. Durante más de dos horas voy filmando a algunas de las especies más habituales y también a otras menos frecuentes, todas ellas inmersas en la rutina de la primavera: algunas ya acompañadas de sus nuevos retoños, otras concentradas en conseguir su cena antes de que caiga la luz. Pero de la Garza Imperial, no hay ni rastro.
La Garza Imperial es un ave difícil de observar. Aunque pasa el verano en nuestros humedales, su distribución es irregular y no siempre resulta fácil dar con ella. Su técnica de caza sigilosa, inmóvil entre los carrizos, la convierte en una sombra que se confunde con el paisaje gracias a los colores y el diseño de su plumaje. Muchas veces está ahí, pero no la vemos. Por eso yo la llamo la "cazadora fantasma".
Pasan las horas y cada vez me siento más acosado por los mosquitos del atardecer. Estoy a punto de retirarme cuando, en un barrido lejano a más de doscientos metros de mi posición, algo me detiene. Una silueta tenue, casi un susurro entre los carrizales, despierta mi esperanza. Podría ser una Garza Imperial. A partir de ese instante, con el zoom al máximo, toda mi atención se centra en ella. Una preciosa Garza Imperial está escondida en la otra orilla.
Cuando ya pensaba que la jornada me regalaría únicamente unas cuantas imágenes posadas, la naturaleza vuelve a sorprenderme. La Garza Imperial se pone en movimiento y despliega su impresionante estrategia de caza silenciosa, una coreografía lenta y precisa que demuestra por qué es una de las grandes especialistas del humedal. En un momento de una precisión absoluta lanza su pico contra la superficie del agua a toda velocidad y consigue pescar un pequeño pez.
He conseguido las imágenes que estaba buscando, y me alegra muchísimo poder compartirlas contigo en formato video. Cada encuentro con la cazadora fantasma es un recordatorio de la belleza discreta y salvaje que aún resiste en estos espacios naturales tan amenazados por la acción implacable del hombre y la ampliación del aeropuerto de Barcelona.
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FOTOS y VIDEO. Fecha: 10.04.2026. LUGAR: Delta del Llobregat. Fotos: 1. Papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca) 2. Focha común (Fulica altra) con sus polluelos. 3. Panorámica del Humedal (Barcelona). 4. Zampullín común (Tachybaptus ruficollis) 5. Garza Imperial (Ardea purpurea). CÁMARA: Canon EOS R7 + RF 200-800 y RF-S 18-150
Explorando el Río Ter: Garzas, Águilas y naturaleza salvaje en la Cataluña interior.
El tramo del río Ter que discurre entre Torelló y Manlleu, en plena comarca de Osona, es uno de esos lugares que sorprenden incluso cuando ya los conoces. Aquí se encuentra un pequeño observatorio desde el que es posible contemplar una de las colonias de ardeidos más activas de la Cataluña interior. Es un espacio discreto, accesible y siempre lleno de vida.
Cada vez que paso cerca —ya sea camino del Ripollés para practicar deportes de montaña o cuando voy a enseñar tiro con arco en bosque a Tona— siento el impulso de detenerme unos minutos. El río siempre ofrece algo distinto: un comportamiento curioso, una luz especial, una especie inesperada. Y esta vez es todavía más diferente e intensa, porque añadimos un largo paseo de varias horas para descubrir la ruta de los meandros y las islas fluviales de Gallifa y les Gambires.
Hoy hemos venido expresamente, sin prisa, con el objetivo de conocer más a fondo la zona. El observatorio está vacío, como casi siempre, silencioso. A través de las estrechas aperturas de madera se abre un paisaje vibrante: decenas de aves posadas en los árboles de la ribera, otras descansando en pequeñas islas del río o sobre troncos caídos. La escena es hipnótica. Por momentos, parece que estamos en vivo y en directo en pleno Delta del Okavango.
Durante casi una hora observamos con calma, disfrutando de los colores del cielo, del movimiento y el sonido del agua y de la actividad constante de las aves. Entre ellas, garzas reales, garcillas bueyeras, cormoranes grandes y, en la distancia, una preciosa Águila culebrera que nos sobrevuela desde el cielo azul profundo, recién llegada de su invernada en tierras de África. La naturaleza aquí no se esconde: se muestra tal cual es, intensa, cercana y salvaje. Un Milano real pasa justo por encima de nuestras cabezas, y consigo hacerle una foto... Impresionante!
Más tarde recorremos un tramo de unos 6 km de la Ruta de los meandros del Ter, un paseo sencillo y sin desnivel que permite descubrir esta zona y algunos rincones fantásticos, como la fuente del Peretó, donde esperamos a que la fauna del lugar, muy diversa, se ponga a tiro del objetivo de la cámara. Es un recorrido perfecto para disfrutar de la fauna, la flora y la tranquilidad del entorno ribereño acompañados por el canto de innumerables especies de pájaros: herrerillos, carboneros, ruiseñores... ideal para quienes aman el senderismo fácil, la fotografía de naturaleza o simplemente desean desconectar unos momentos del ruido cotidiano.
Ya sabes: si algún día circulas por la C‑17, a la altura de Les Masies de Voltregà, tómate un tiempo para visitar este pequeño paraíso. Es un lugar que siempre recompensa con momentos únicos que no olvidarás.
A continuación puedes ver el video de 4 minutos. Si te gusta, suscríbete al canal de Youtube para seguir todos mis avistamientos!
FOTOS. Fecha: 05.04.2026. LUGAR: Observatorio de aves y Riberas del Ter. Fotos: 1. Garcilla bueyera con plumaje nupcial (Bubulcus ibis) 2. Garza real (Ardea cinerea). 3. Panorámica del río Ter (Osona). 4. Águila culebrera (Circaetus gallicus) 5. Milano real (Milvus milvus). CÁMARA: Canon EOS R7 + RF 200-800.
VIDEO. Fecha: 05.04.2026. LUGAR: Tramo entre Torelló y Manlleu. CÁMARA: Canon EOS R7 y objetivos RF 200-800 y RF-S 18-150.
Cazando al Zorro con mi cámara en la Cataluña central
Llego muy temprano a una de mis zonas preferidas en los Bosques y campos de la Cataluña central. El viento sopla animado y hay nubes, pero no siento demasiado frío. Es un lugar que visito hace más de 30 años, y lo conozco como la palma de mi mano. Por estos parajes he encontrado Corzos y Zorros en más de una ocasión, y hoy espero tener la suerte de filmar a alguno de ellos, o con mucha suerte a algún Jabalí, Tejón o Marta que también viven en este lugar.
Una costumbre que tengo es frotarme todo el cuerpo con las plantas aromáticas que encuentro en el entorno. Hoy serán romero y tomillo en plena floración, que desprenden un intenso aroma a bosque mediterráneo y me ayudan a ocultar ligeramente mi propio olor.
Voy siguiendo en completo silencio los senderos que abren los animales. He visto huellas de jabalí, corzo y zorro, pero ninguna es reciente. La tierra está ahora muy seca, y las marcas de patas y pezuñas marcadas en el suelo son de hace varios días.
Llego a un punto muy frecuentado por los animales de la zona. Desde el bosque de pinos y enebros tengo una buena vista sobre un campo sembrado que brilla intensamente en tonos verdes bajo la luz del Sol. Mimetizado entre los árboles y las sombras con mi traje de ocultación seré prácticamente invisible a cualquier animal que ande por allí.
Y entonces lo veo… muy lejos, a más de 200 metros: ¡un Zorro está cazando a plena luz del día!
Como no utilizo trípode y la distancia es larguísima no va a ser nada fácil. Durante un instante pienso en cómo resolver la situación de la mejor forma. Busco un lugar con una amplia visibilidad y me preparo en completo silencio… Las imágenes que vas a ver son el resultado de una técnica que aprendí hace mucho tiempo.
El Zorro no me detecta y por suerte se va acercando cada vez más a mi posición. El viento también lo tengo a favor. Así que voy tomando imágenes en silencio, concentrado en el precioso animal que está intentando cazar a algún ratón o topillo desprevenido.
Paso varios minutos grabando mientras disfruto de un episodio de caza completamente salvaje. Sin embargo, en un momento dado, el Zorro se oculta bajo la vegetación y cuando reaparece ya está masticando a su presa...
Ambos hemos logrado nuestros objetivos. Él, satisfecho con su comida, marca el territorio y se dirige hacia el Bosque, donde antes de desaparecer por completo vuelve a dejar una marca de olor como diciendo: "este campo es mío!" Yo, por mi parte, respiro profundamente tras minutos de sentir una avalancha de emociones, y al fin puedo incorporarme... Creo que he conseguido unas imágenes que seguramente te gustarán y he vivido nuevamente una experiencia que no olvidaré.
Recuerda algo importante: en tu interior se encuentran las grandes respuestas a los desafíos que te lleguen. Confía en tí y sigue adelante.
A continuación puedes ver el vídeo de 5 minutos. Si te gusta, suscríbete al canal de Youtube para seguir todas mis publicaciones y avistamientos!
FECHA: 1 de Abril de 2026. LUGAR: Bosques y campos de la Cataluña Central. FOTOS: 1. Una huella de Zorro marcada hace días en el barro en un sendero de animales. 2. Romero en flor (Rosmarinus officinalis) que me servirá para camuflar mi olor. 3. Vista del Bosque de pinos, enebros y algunos robles y encinas dispersos, típico mediterráneo. 4. Un Escribano triguero (Emberiza calandra) vigilante y atento. 5. Zorro común (Vulpes vulpes) marcando el territorio tras el éxito en la caza. CÁMARA: Canon EOS R7 + RF 200-800 y RF-S 18-150.
Rececho fotográfico de Rebecos salvajes en el Pirineo de Cataluña.
Subo a una de mis zonas preferidas del Pirineo para
intentar capturar con mi cámara a la fauna salvaje que habita en estas montañas.
Aunque la meteorología prometía buen tiempo, a casi 2000 metros de altura el
viento sopla en ocasiones por encima de los 50 kilómetros por hora, por lo que
la sensación térmica es de unos 8 grados bajo cero.
La alta montaña es un entorno hostil al que hay que ir bien informado y preparado física y técnicamente. Yo sigo un programa semanal de entrenamiento de fuerza y cardio, y a lo largo de mi vida he subido cientos de montañas, incluyendo casi todas las cumbres que puedo divisar desde aquí (JuantoTrek^). Ahora me dedico más a la fotografía de Naturaleza en entornos más amables y accesibles: Montjuïc, Delta del Llobregat, Campos y Bosques de la Cataluña central y otras zonas del país. Pero aquí, en las Montañas del Pirineo, me siento como en casa.
Establezco un primer punto de observación en la amplia cresta que
une el Taga con el Puig Estela, dos picos de más de 2000 metros. En mi mochila
de 20 litros llevo todo el equipamiento que me permitiría incluso hacer un
vivac de emergencia y superar casi cualquier adversidad. Nunca se sabe aquí
arriba. Llevo mi mejor cámara y dos objetivos: uno que me servirá para las
tomas a larga distancia y otro que utilizaré para los paisajes y detalles. Eso
ha añadido dos kilos y medio de peso a mi equipamiento. Como siempre, no llevo trípode y dependeré de mi pulso en las tomas de vídeo.
Mi cámara auxiliar en esta jornada es la de mi propio
móvil, que como podrás comprobar en el vídeo deja de responder por momentos, supongo que afectada
por el fuerte viento y la baja temperatura.
Ando de un lado al otro de la cresta, de la cara NORTE a la
cara SUR y viceversa, a veces atravesando neveros, haciendo círculos cada vez más amplios,
hasta que por fin encuentro rastros evidentes de la presencia de Rebecos. Voy
cambiando de puesto de observación y rastreo con el zoom las zonas en las que
creo que podré encontrarlos. Pero no consigo verlos.
Una bandada de chovas se alimenta al otro lado de la
vertiente. Los llamamos los pájaros de las tormentas, porque suelen presagiar
el mal tiempo, pero también por la maestría con la que vuelan con ráfagas
huracanadas. La previsión es que a partir de las 13 horas el viento irá
intensificándose cada vez más. Las nubes en las cumbres más altas cada vez son
más oscuras y amenazadoras.
Queda poco tiempo, mi mente empieza a imaginar Rebecos por todas
partes resistiéndose a acabar la jornada sin haberlos visto. Los veo en cada
piedra, en cada arbusto, en cada sombra… Hasta que al final una de esas piedras
resulta ser un Rebeco salvaje descansando. Me siento para observar mejor y me
doy cuenta que no hay solo uno… hay dos… tres!! Ahora empieza la parte más
difícil: acercarme al máximo sin que me detecten para poder tomar las mejores
imágenes posibles, aunque las turbulencias térmicas que crea el aire caliente
en esta ladera no van a ponérmelo nada fácil…
Sigo mi máxima de dispara primero y acércate después. Así
que voy acercándome al pequeño rebaño como un leopardo de las nieves,
agazapado, con movimientos suaves, aprovechando los pequeños accidentes del
terreno a mi favor. Cada vez estoy más cerca, disparo foto, grabo video y vuelvo a
acercarme con sigilo. Llego a unos 100 metros del grupo y me tumbo entre unas
rocas, junto a unos enebros. Con un traje de ocultación quizás podría haberme
acercado más, pero hoy llevo equipamiento técnico de montaña, aunque en tonos
verdes y marrones que también ayudan. La adrenalina corre por mis venas y el
corazón me late con fuerza.
A partir de aquí, contemplar a los Rebecos y a un grupo de marmotas que
están algo más abajo, compensa con creces las casi 8 horas de frío intenso, la
subida a la cresta y la búsqueda durante toda la mañana en movimiento constante
de aquí para allá.
La Naturaleza siempre recompensa a quién sabe esperar, y la Montaña a los que se esfuerzan por superar sus límites.
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