Hay tramos de costa que uno ha visto mil veces desde fuera, pero que siguen siendo un misterio desde dentro. Este primer capítulo de mi nueva serie en el canal de Youtube “Mediterráneo salvaje en apnea” nace justo de ahí: de la curiosidad por recorrer un pedazo de la Costa Dorada que nunca había explorado bajo el agua, aunque lo tuviera a un paso desde hace años.
Con un equipo básico —neopreno corto de 2 mm, máscara, tubo, aletas y un cinturón de lastre— me lanzo a una travesía sencilla en apariencia: unos 500 metros de costa rocosa y poco profunda. Pero ya sabemos que en el Mediterráneo nada es tan simple. Cada grieta, cada sombra, cada cambio de color en el fondo es una invitación a detenerse, a bajar, a mirar mejor, y el tiempo pasa sin darte cuenta en un entorno cambiante que puede llegar a ser hostil y peligroso. La ida se me hace fácil, pero la vuelta a contracorriente me exigirá un esfuerzo extra. En total 35 minutos y algo más de un kilómetro, con frecuentes inmersiones persiguiendo a la vida marina.
Las primeras que me reciben son obladas (Oblada melanura) moviéndose en el azul como si patrullaran el territorio. Más adelante, entre las rocas cubiertas de pequeñas algas marrones, aparecen los sargos (Diplodus sargus), siempre cautos y esquivos, siempre atentos. Y en un momento de suerte, un banco de salemas (Sarpa salpa) atraviesa la escena a toda velocidad, como una flecha dorada que se deshace en reflejos.
Entre una bajada y otra, el sol dibuja ondas de luz sobre la arena blanca. Es ese tipo de detalle que no parece nada, pero que te obliga a quedarte un rato más, flotando, escuchando el silencio del mar, hipnotizado por los fantásticos juegos de luces submarinas.
Al final de la travesía, las rocas emergen del agua como un punto y aparte. Toca dar la vuelta y regresar por el mismo camino, pero con la sensación de que ya no es el mismo. Nunca lo es después de una inmersión. Y nunca lo es cuando el regreso es a contracorriente. Siempre digo que hay que guardar suficientes fuerzas para regresar dos veces, ya sea en el Mar, en las Montañas o en los Bosques.
Cuando llego de nuevo al punto de inicio, unos niños cogen cangrejos entre las rocas, animados por sus familias. Yo los animaría a fotografiarlos, sin cogerlos. Respetar la fauna y el entorno marino comienza por pequeños gestos cotidianos...
FOTOS y VIDEO. Fecha: 07.06.2026. LUGAR: Costa Dorada, Tarragona. Fotos: 1. Vista satélite del tramo de costa de la travesía. 2. Yo, buceando en apnea. 3. Banco de salemas a toda velocidad (Sarpa salpa). 4. Un sargo (Diplodus sargus) nadando en las rocas. 5. Equipo básico secándose en las rocas. CÁMARA: Olympus TG-6
⚠️Aviso: El buceo libre es una actividad exigente que requiere preparación física, técnica y experiencia. No intente reproducir estas inmersiones ni asuma riesgos innecesarios.
