La Reserva Marina de la Isla de Tabarca está en la Costa Blanca, frente a Santa Pola, en Alicante. Fue la primera reserva marina en España, declarada como tal en 1986. Sus aguas cristalinas, su rica biodiversidad en especies marinas y el conjunto monumental histórico artístico de esta fortaleza flotante del siglo XVIII, merecían una visita.
Tras llegar a la isla en una lancha rápida, aprovecho la primera hora de la mañana para recorrer la población y valorar cuál puede ser el mejor punto de inmersión. Un cormorán grande que descansa tras su pesca matinal me parece una buena señal, así que inicio la inmersión en la Cova del Llop marí, en la costa sur de Tabarca.
Nada más entrar en estas aguas cristalinas el fondo marino me regala un impresionante espectáculo de vida, de luz y de color. Entre las rocas recubiertas de algas aparecen frondosas praderas de posidonia y muchas especies de peces habituales del Mediterráneo: fredis, serranos, sargos, alguna mojarra, tordos, doradas, salemas...
Voy recorriendo el itinerario previsto alternando momentos de flotación en superficie con inmersiones a 3 o 4 metros de profundidad. A medida que avanza la jornada comienzan a aparecer especies más difíciles de avistar: un mero pequeño escondido en una grieta, un precioso corvallo que busca refugio al verme...
Y entonces ocurre algo completamente inesperado. Este será el momento más
intenso de la jornada. Debajo de mí, una silueta alargada de casi un metro de
longitud se mueve sigilosamente en busca de presas. Aunque no estoy seguro,
creo que se trata de un Espetón, un voraz depredador perteneciente a la familia
de las Barracudas.
Estudio sus movimientos y espero el momento más adecuado para sumergirme a
su lado y tomar las mejores imágenes posibles. Con el corazón acelerado, salgo
a la superficie completamente emocionado por este último encuentro que
recordaré toda mi vida.
Entonces me doy cuenta de que ya estoy junto a la playa grande de Tabarca.
Así que decido regresar al punto inicial y comienzo el regreso escoltado por un
banco de grandes obladas.
Al salir del agua regreso a la realidad que me espera en tierra: los
polluelos de gaviota pidiendo comida a un adulto, la playa grande cada vez con
más gente que viene a pasar el día en la isla… Pero yo ya he completado mi
misión. Así que tomo la primera lancha rápida para continuar mi viaje por el Mediterráneo
salvaje en apnea.
Los mejores momentos ocurren cuando y donde menos te lo esperas.
