Después de un sábado de lluvia continuada, la meteo promete mejor tiempo para el domingo por la mañana. Preparo el equipo fotográfico, la mochila, y compruebo la hora de la salida del sol: 6:40 AM. A esa hora debería estar ya en la zona elegida.
Me despierto muy temprano y, tras un viaje de hora y media, llego al lugar pocos minutos antes de que el sol rompa la niebla en el horizonte. Por un momento siento que estoy en otro planeta, o frente a algún tipo de aurora boreal: el cielo vibra en tonos naranjas por efecto de la refracción de la luz en las nubes, y el ambiente se vuelve entre mágico y místico.
Establezco el primer punto de observación. Los pequeños trigueros y pardillos se posan en las copas de los árboles, añadiendo sus trinos como fondo a los juegos de luces de la mañana. Mire donde mire, las amapolas, las rosas caninas y tantas otras flores suman sus notas de color al paisaje que despierta. En un campo de trigo encuentro señales claras del paso de dos animales, y junto al camino, en el barro aún mojado, huellas frescas de corzos y alguna de jabalí. Entonces escucho el ladrido de alarma de los corzos, que surge desde la profundidad del bosque. Quizás ellos ya me han detectado.
Comienzo el rececho con el máximo silencio y sigilo. Avanzo entre robles, encinas y pinos, atravesando con cuidado los campos de cultivo que salpican el territorio. Paso casi dos horas moviéndome despacio, deteniéndome cada pocos pasos para escuchar, observar y sentir. Cuando parece que el día no dará ningún fruto, una corza aparece a unos cien metros. Avanza alerta, se mueve rápida y desaparece en la floresta. Intento rodearla para colocarme en una mejor posición. Me parece ver las orejas de un zorro que se esfuma entre las sombras. Un águila pasa sobre mi cabeza emitiendo un agudo chillido.
Llego a un punto desde el que puedo ver a dos corzos —un macho y una hembra— a través de las ramas del roble que me oculta. Están a unos 80 metros. Pero aquí no podré tumbarme ni apoyar el objetivo sobre la mochila: la vegetación del campo me impediría tener una visual limpia. Pienso en otras opciones… y entonces veo un antiguo poste de la luz, algo más arriba. Puede ser la mejor solución para tener un apoyo de fortuna, mucho mejor que “tirar” a pulso puro a tanta distancia con el 800 mm.
Desde allí consigo grabar varios minutos, con la adrenalina corriendo como un torrente por mi cuerpo. La pareja de corzos ramonea en la linde del bosque. No me detectan en ningún momento. En fotografía de naturaleza y fauna, un principio fundamental que respeto siempre es no interferir ni molestar a los animales. Cuando me marcho, los corzos siguen comiendo sin saber que han sido los protagonistas de este vídeo.
El Bosque hoy me ha regalado un nuevo momento espectacular. El agua vuelve a fluir alegre y cristalina en el arroyo; las rosas caninas, con sus pétalos aún mojados, darán sus frutos en otoño. La vida sigue su curso…
FOTOS y VIDEO. Fecha: 10.05.2026. LUGAR: Bosques de la Cataluña central. Fotos: 1. Pardillo común (Linaria cannabina) 2. Flor de Rosal silvestre (Rosa canina) mojada por la niebla. 3. Panorámica de la salida del Sol desde el primer punto de observación. 4.y 5. Corza hembra y Corzo macho (Capreolus capreolus) CÁMARA: Canon EOS R7 + RF 200-800 y RF-S 18-150
