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Muflones en el Pirineo. SOLO en el valle salvaje.

 

Muflones Pirineo, Trekking Vivac SOLO, Juanto Wild, Juanto Fernández

La previsión de la meteorología no es demasiado buena, y tengo mis dudas en salir hacia el lugar escogido en los Pirineos para intentar filmar Muflones salvajes en libertad. He preparado la mochila de trekking con un equipo básico y minimalista que me permitirá pernoctar en altura y "sobrevivir" durante 24 horas. Tras más de cuatro décadas subiendo montañas y recorriendo senderos, sé perfectamente que la experiencia es el mejor equipamiento posible, pero también sé que el peso de una mochila, y su contenido, son claves para progresar en un entorno tan exigente y agreste.

Todo mi equipo está pensado para el éxito. Toda mi ropa, incluso la mochila, son de color verde caqui o gris. Para ahorrar peso descarto llevar un traje completo de camuflaje, así que solo llevo un par de bragas de cuello para camuflar mi rostro y cabeza. Por el mismo motivo, acabo dejando en casa la cámara con el teleobjetivo – que añadirían más de 3 Kg – y llevaré solo una bridge, mucho más ligera, aunque perderé calidad de imagen. No llevo nada superfluo, ni tan solo una ración extra de comida o una camiseta de recambio. 

Reviso el mapa por última vez. Es un itinerario duro y exigente. Recorreré unos 16 km salvando 1.600 m de desnivel en 24 horas, alcanzando una cota máxima de 2.560 m, cargado con una mochila de 10 kg. No del todo convencido, porque la posibilidad de encontrar muflones es bastante baja, me lanzo al viaje hasta los Pirineos como un paracaidista que salta al vacío... con total confianza.

Tras dos horas de coche y cuatro horas de una caminata muy intensa, llego a un valle a casi 2.000 m en el que descanso un rato, me hidrato y me refresco. Esperaré hasta las 17:00 h, cuando el Sol ya empiece a descender, para remontarlo. Mientras tanto reviso de nuevo el mapa y compruebo las referencias visuales que tengo por delante.

Subo a buen ritmo hacia la zona escogida para vivaquear, a 2.200 m de altura, aunque no podré montar la tienda hasta la puesta del Sol. Los silbidos de las marmotas avisan de mi presencia. Algunas collalbas se posan en las rocas y me observan con cierta curiosidad. Poco a poco gano altura y entro en un mundo salvaje lleno de vida. Encuentro varias manadas de rebecos, algunas con más de 30 ejemplares, y entonces comienzo la búsqueda de Muflones.

Dejo mi mochila junto a una roca y avanzo solo con la cámara, con el rostro y la cabeza tapadas con las bragas. Me muevo como un animal, no como un humano: voy agachado, sin prisa, parando, observando, a veces subo, a veces bajo y eso me permite aproximarme a menos de 100 m de un grupo de rebecos que me miran con curiosidad: “¿y esto que viene qué es?”. Un macho dominante me lanza un par de bufidos, pero como me siento en el suelo y miro hacia otra parte, le queda claro que mis intenciones no son malas. Pero sigo avanzando, de roca en roca, usándolas como apoyos y escondites de fortuna.

Sobre las 19:00 h, en plena hora dorada, una luz inmejorable baña la ladera sur de la montaña y veo a través del visor - con el zoom al máximo- dos figuras entre los rebecos que no son rebecos: ¡son muflones! Mi corazón late con fuerza y la emoción me invade profundamente: ¡Muflones en los Pirineos!. 


Para tomar las mejores imágenes posibles sigo acercándome más y más, poco a poco, roca tras roca, paso tras paso, en absoluto silencio. Los rebecos pastan tranquilos, las marmotas corretean entre ellos, las pequeñas aves cazan insectos, los buitres sobrevuelan el territorio y entonces veo no dos, sino cuatro Muflones machos, con sus cuernas en espiral, preciosos y majestuosos. Me sorprende constatar que pastan junto a los rebecos con mucha tolerancia, parece que ambas especies se llevan bastante bien... conviven.

Permanezco casi media hora tomando imágenes agazapado tras las rocas, casi inmóvil. Pero las sombras del atardecer van oscureciendo el valle, y decido dar por terminada la sesión. Me alejo del grupo de animales que sigue con su vida tranquilamente y voy a buscar la mochila. Cuando la encuentro, a más de 1 km, busco un lugar en el que instalarme. 

Primero preparo una cena para reponer energías, y cuando el Sol desaparece en el horizonte monto la tienda, mínima y diminuta, que hoy será la mejor habitación de hotel del mundo. El viento se levanta, la temperatura baja, la luz se marcha. Me pongo la ropa térmica y me meto en el saco dejando todo bien ordenado y en su sitio. Repaso mentalmente el mapa y el plan para mañana: remontar el valle, subir hasta el collado y bajar hasta el punto en el que acabaré la aventura. Necesitaré más agua, así que tendré que potabilizar al menos dos litros. No será problema porque hay manantiales en el recorrido.

Dormir solo en un rincón tan salvaje y rodeado de fauna es pura desconexión, o conexión, según se mire. A las 12 de la noche me despierto. Siento cómo la luz de la luna me acaricia el rostro e ilumina la estancia. Salgo del saco y de la tienda para vivir ese momento único en mitad de la nada; las estrellas me saludan con un brillo intensísimo suspendidas en el aire puro, frío y cristalino de la alta montaña. El silencio es absoluto. El rocío me refresca. Es la magia del vivac en estado puro. Mi alma se llena de vida.

A la mañana siguiente, con las primeras luces y las piernas frescas, tras un descanso reparador y un desayuno contundente dentro de la tienda, afronto el tramo más duro: el ascenso directo al Collado de 2.560 m. Es un auténtico muro vertical donde el esfuerzo físico es extremo. Durante la remontada por los sectores más escarpados, la montaña se despide con un último regalo: un pequeño grupo de rebecos cruza a gran velocidad las tarteras superiores, unos cernícalos cazan en las cumbres, un quebrantahuesos surca el aire en silencio a contraluz… Las nubes oscurecen el cielo, una ligera llovizna me renueva.

Ya solo me quedan un par de horas de bajada. Me siento completamente feliz y agradezco a la Naturaleza el gran regalo que me ha dado mientras mis pasos me llevan de regreso, al tiempo que el Sol se impone entre las nubes.

Solo es imposible aquello que no intentas. 





FOTOS y VIDEO. Fecha: 25.08.2026. LUGAR: Parque Natural Ter Freser, Girona.  Fotos: 1. Yo, cargado con la mochila en un sendero rompepiernas.  2. Collalba gris (Oenanthe oenanthe) sobre una roca. 3. Vista panorámica del vivac tras ponerse el Sol, a 2.200 m de altitud. 4. Un grupo de Muflones (Ovis orientalis musimon) pasta junto a Rebecos (Rupicapra rupicapra) 5. Un macho de Muflón majestuoso me regala un gran premio. Los muflones fueron introducidos en la zona en la década de los 60 por motivos cinegéticos. CÁMARA: Canon SX70 HS.

INFORMACIÓN sobre la RUTA: Ruta exigente y dura no apta para todos los públicos. Dificultad de orientación en el itinerario sin caminos señalizados, cantidad de esfuerzo muy alta. En esta zona se puede hacer noche siguiendo la normativa vigente: a más de 2000 m de altura y más de 2 km de distancia de cualquier refugio, desde la puesta hasta la salida del Sol.



Día de Marmotas: rececho fotográfico de primavera en el Pirineo

 

Juanto Wild, Juanto Fernandez, Marmotas, Pirineos, Naturaleza, Fauna

Hemos subido a las montañas con un plan y un objetivo claros… pero ellas tenían sus propios planes y muchas sorpresas preparadas. Las intensas nevadas de este invierno mantienen el camino impracticable incluso para nuestro 4x4, así que no queda otra que intentarlo a pie, dejando el vehículo a más de diez kilómetros del punto donde esperábamos encontrarnos con las marmotas.

El día es precioso, con un cielo azul profundo que parece recién estrenado. Caminamos en silencio, atentos a cada detalle que emerge del paisaje. La primavera en el Pirineo se muestra radiante, viva y generosa. El agua fluye por todas partes y su música nos acompaña sumándose al canto de los pájaros.

La primera sorpresa llega pronto: un Piquituerto común se posa en un pino negro junto al camino regalándonos su belleza singular. Su pico, cruzado como unas tenazas, está hecho para abrir piñas y extraer los piñones que forman la base de su dieta. Poco después, unas formas extrañas nos llaman la atención en una pequeña charca nacida del deshielo. Son los huevos de la Rana bermeja, flotando en el agua fría mientras los adultos vigilan discretamente nuestra presencia.

Seguimos avanzando entre las cimas del Balandrau, el Tres Pics y el Fontlletera, montañas que he subido en varias ocasiones, recorriendo un paisaje que nos transmite una calma profunda y reconforta nuestras almas. Y entonces aparece el objetivo principal de la jornada: las marmotas, recién salidas de su hibernación. Pasamos casi una hora observándolas y grabando algunas tomas, siempre con cuidado de no interferir en su conducta, intentando ser una parte más del entorno que nos acoge. Corretean por los prados, se acicalan, pero sobre todo vigilan y se muestran atentas a los peligros.

Todas las marmotas que hoy vemos en los Pirineos proceden de los Alpes franceses. Fueron reintroducidas en el siglo XX, después de haberse extinguido en nuestras montañas hace más de 15.000 años. Su reintroducción buscaba ofrecer una presa alternativa a las Águilas reales, reduciendo así la presión sobre las poblaciones de rebecos. Pero las marmotas han sabido defenderse de las Águilas y hoy día puedes encontrarlas, o escucharlas, en los prados de montaña del Pirineo.

Un día lleno de sorpresas, vida, naturaleza salvaje y alta montaña. ¡Un auténtico Día de Marmotas!


Disfruta del vídeo de 4 minutos y, si te gusta, recuerda darle un like y suscribirte a mi canal de Youtube. Gracias por estar a mi lado!



FOTOS y VIDEO. Fecha: 18.04.2026. LUGAR: Parc Natural de las cabeceras del Ter-Freser Fotos: 1. Piquituerto común (Loxia curvirostra) 2. Ranas bermejas (Rana temporaria) en una charca de deshielo  3. Panorámica del cordal entre el Balandrau y el Fontlletera (Girona). 4. Flores de Pascua (Pulsatilla vernalis) 5. Marmota (Marmota marmota). CÁMARA: Canon EOS R7 + RF 200-800 y RF-S 18-150




Parque Natural de las Cabeceras del Ter y el Freser

 

Juanto Wild, Juanto Fernández, Parque Natural Ter Freser

El Parque Natural de las Cabeceras del Ter y del Freser es uno de los mejores escenarios para descubrir la esencia de la alta montaña pirenaica: un territorio donde el silencio, la fauna salvaje y los paisajes infinitos se combinan en una experiencia difícil de olvidar. En esta ocasión recorremos la zona en ruta 4x4, partiendo de Ribes de Freser y ascendiendo por la pista de Fontlletera. Son casi 30 km de pista forestal, dura y pedregosa en algunos tramos, que nos conduce hasta Tregurà.

A mediados de abril, la nieve se mantiene en las cumbres más altas, encajada entre el Balandrau y el Fontlletera, dibujando un horizonte blanco que acompaña todo el trayecto. Aunque nos cruzamos con algunos senderistas, ciclistas de montaña y otros vehículos todoterreno, la sensación dominante es la de una soledad serena, perfecta para disfrutar del paisaje a un ritmo lento, con paradas constantes para fotografiar cada rincón y a sus habitantes.

Las marmotas, recién salidas de su hibernación, corretean por los prados siempre alerta ante el vuelo de las grandes rapaces. Buscamos rebecos en las laderas, aunque hoy no tenemos suerte. De vez en cuando un buitre leonado traza círculos sobre nuestras cabezas, pequeños pájaros se acercan curiosos y, al fondo, las montañas nevadas observan en silencio. Cada jornada en esta ruta es distinta: en otras ocasiones hemos visto el planeo del Quebrantahuesos, las huellas del zorro y la liebre sobre la nieve, el vuelo majestuoso del Águila Real o la agilidad de los rebecos. Hoy, simplemente, el Pirineo nos ha mostrado otra de sus caras.

Sea cual sea el día, este es un lugar perfecto para desconectar, respirar y dejarse llevar por la naturaleza salvaje de los Pirineos. Un rincón donde perderse para encontrarse.


Fecha: 18.04.25. Lugar: Parc Natural Cabeceras Ter Freser. Fotos: 1.Verderón serrano (Carduelis citrinella). 2. Buitre leonado (Gyps fulvus). 3. Vistas al Pirineo 4. Marmota (Marmota marmota) 5. Pardillo común (Linnaria cannabina)