Recorro casi 600 kilómetros para explorar el Parque Natural Cañón del Río Lobos, en Soria. Es un espacio natural en el que no he estado nunca. Famoso por sus paisajes, fauna y biodiversidad, será uno de los mejores puntos para contemplar el eclipse total de Sol del 12 de Agosto. Si todo va bien, será el final perfecto de unas vacaciones activas en la Naturaleza, que me han llevado desde la Costa Brava hasta la Isla de Tabarca y desde los Pirineos salvajes en la Val d'Aran hasta este increíble paraje en tierras de Castilla y León.
Circulo por carreteras secundarias y voy encontrando animales por todas partes. Un Corzo que pasta en el campo, un alcaudón común que otea posibles presas desde un cable, un milano real que busca animales muertos sobre la carretera, una cogujada común que se mueve sigilosa para no llamar la atención de la rapaz… La Naturaleza se muestra espléndida y exuberante.
Llego a Ucero a primera hora y subo a pie hasta el castillo del siglo XII que culmina este pequeño pueblo soriano. Desde allí las vistas de Río Lobos son espectaculares. Bajo después hasta el río Ucero, que nace donde termina el Río Lobos, y encuentro un grupo de gorriones que se dan un baño para refrescarse. Es muy temprano, pero el calor ya resulta abrasador.
Sigo la carretera unos kilómetros y llego a la entrada del cañón. Hay una fila de vehículos que esperan para acceder a este espacio protegido. Yo decido dejar el coche aquí mismo, en una zona de aparcamiento libre, y hacer el recorrido caminando. Aparece entonces un grupo de rabilargos, una especie de córvido de plumaje azulado endémica de la península ibérica. Nunca antes los había filmado.
Empiezo a caminar en la fuente de Engómez. Una libélula de vivos colores aprovecha el frescor de sus aguas limpias y cristalinas. Será un buen lugar para pasar la tarde cuando regrese de la excursión, que me llevará unas dos horas a buen ritmo, pero sin prisa, parando para tomar imágenes para este nuevo reportaje. El sendero está bien marcado y es fácil de seguir, sin complicaciones de ningún tipo. Voy equipado someramente, llevo mi cámara de viaje y observo fascinado la impresionante muralla de paredes rocosas. No veo buitres, pero no deben andar lejos, buscando su ración de carroña.
Me sorprende ver que el Río Lobos desaparece en algunos tramos, pero este río es así. Paso por vados completamente secos que se alternan con pozas oscuras y recodos en los que el agua corre tranquila, escondida entre la densa floresta. No consigo ver al Martín pescador, ni a las nutrias que se supone habitan aquí. Alguna rana salta entre los nenúfares, algún pez asoma en un salto fugaz… Pero la belleza del lugar es incuestionable. El camino sigue y el bosque de ribera deja paso a un tramo de pinar, denso y compacto. Allí, a mucha distancia, veo un grupo de ardillas que se mueven ágilmente entre las ramas más altas. Para poder filmarlas debo exprimir al máximo el zoom digital de mi cámara.
Llego a una poza junto al último punto de aparcamiento. Está repleto de gente que han dejado aquí sus vehículos y subirán caminando hasta una ermita cercana, apenas a un kilómetro. Es mediodía, y el calor es muy intenso. Me dejo llevar por mis sensaciones y en lugar de hacer lo que hace todo el mundo, regreso sobre mis pasos para seguir disfrutando de la soledad de este paisaje. Un pequeño petirrojo joven aparece como una señal en el camino…
Perdido en mis pensamientos, recorro el sendero observando las paredes de roca. Ya empiezan a aparecer buitres. Algunos se quedan en posaderos solitarios. Pero la mayoría se dirige a las buitreras en las que pasarán las horas más calurosas y soleadas del día. Hasta los buitres necesitan refugiarse del Sol en este tórrido verano. Hago un largo descanso a la sombra de los árboles junto a la fuente, donde me refresco varias veces improvisando una ducha con mi sombrero. Más tarde, remonto en coche la carretera para observar el cañón desde el mirador de la Galiana y continúo hacia el norte para llegar al punto escogido para ver el eclipse: la ermita del Santo Cristo de Miranda.
Cuando llego todavía faltan dos horas de espera. Gentes de muchos países están montando sus trípodes, equipos fotográficos y telescopios, agazapados tras las sombras de los muros de la ermita. Una bandada de chovas se dirige hacia el oeste, como si supieran que ocurrirá algo en un rato. Y va pasando el tiempo. La luna comienza a ocultar el Sol con su sombra. El paisaje se adormece. La oscuridad va ganando terreno. Y entonces, 8 minutos antes del momento culminante, veo un Corzo que sale a pastar, quizás desorientado, pese a estar rodeado de cientos de personas que aplauden y gritan en la ermita y en las rocas de más arriba. Me resulta un instante fascinante. Nadie lo ve. Todo el mundo mira el eclipse.
Y yo me las ingenio para tomar las imágenes del corzo y del eclipse casi al mismo tiempo, con mi modesta cámara de viaje, bañado por el sudor de una larga jornada y una mezcla intensa de emociones, saboreando un instante que nunca se repetirá y que va desapareciendo ante mis ojos.
Si quieres algo, ve a por ello. Podemos lograr casi todo lo que nos proponemos.
FOTOS y VIDEO. Fecha: 12.08.2026. LUGAR: Parque Natural Cañón del Río Lobos, Soria. Fotos: 1. Rabilargo ibérico (Cyanopica cooki) 2. Yo, caminando por el sendero con equipo mínimo 3. Vista panorámica del Cañón desde el sendero. 4. El corzo del eclipse (Capreolus capreolus). 5. El Eclipse de Sol del 12 de Agosto de 2026, desde Río Lobos. CÁMARA: Canon SX70 HS.
INFORMACIÓN sobre la RUTA: El Cañón del Río Lobos tiene una longitud de 25 km y discurre entre Hontoria del Pinar (Burgos) y Ucero (Soria). La ruta realizada en este reportaje comienza cerca de Ucero, en la Fuente de Engómez, y termina en el parking de Valdecea (aprox. 5,5 km ida y vuelta).
