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El Pirineo salvaje de la Val d'Aran. Donde la naturaleza escribe el guión.

 


El Pirineo de la Val d’Aran es un lugar salvaje en el que la vida nunca descansa. Lejos de las aglomeraciones de las zonas más frecuentadas, existe un valle donde las aves rapaces, las marmotas y otras muchas especies son relativamente fáciles de observar. Pero siempre es la Naturaleza la que escribe el guión de mis vídeos y decide qué es lo que va a mostrarme.

Remonto el valle con un equipo básico de trekking y una cámara ligera. Es un terreno que conozco desde hace muchos años y que he recorrido varias veces. Pero nunca deja de sorprenderme.

En el cielo, un grupo de Buitres leonados asciende haciendo grandes círculos, dejándose llevar por las corrientes térmicas. Algo más adelante, me encuentro con algunos ejemplares que todavía están en el suelo. Seguramente han estado alimentándose del cadáver de algún animal, y estos últimos rezagados del grupo, con el buche lleno, esperan el momento de levantar el vuelo. Más allá, unos cuervos descansan en el tronco seco de un pino negro. Seguramente han participado del banquete de los buitres.

El sendero me lleva hasta una pequeña cascada en la que el agua corre alegre entre los cantos redondeados por siglos de erosión continua. Estas aguas puras, de fuertes corrientes y cristalinas, son el entorno ideal del Mirlo acuático. Y para mi sorpresa, uno de ellos se encuentra aquí mismo capturando larvas y pequeños crustáceos o insectos. Es un ave sorprendente. Su plumaje impermeable y unas membranas nictitantes transparentes bajo sus párpados le permiten sumergirse repetidamente en estas aguas bravas y gélidas para capturar su alimento. 

He remontado la primera cascada, y a lo lejos diviso una segunda, más alta y poderosa. Desde las pocas sombras que encuentro en el sendero, acecho la posible presencia de animales en las laderas. Pero no veo nada. Escucho en silencio, pero solo el ulular de la brisa caliente y el fresco murmullo del arroyo llegan hasta mis oídos. Veo un rastro claro de un zorro que se alimentó de bayas, el rojo intenso de los frutos del serbal, una lagartija roquera que toma el sol… Y cuando menos me lo espero aparece una gran marmota en la distancia. Parece atenta a algo que no soy yo. 

Sí, en el cielo una figura alada casi blanca vuela en círculos rastreando el territorio. Es un águila culebrera que busca grandes lagartos o serpientes de los que se alimenta. Pero la marmota centinela intuye peligro y lanza su grito de alarma para avisar al resto del grupo, que debe andar escondido en las grietas bajo las grandes rocas. Es un día tan caluroso, que la mayoría de los animales se encuentran recogidos en sus refugios. Aunque no los veamos, ellos están ahí.

Sigo avanzando hasta superar un paso equipado con un pasamanos metálico adosado en las rocas. Me encuentro entonces a unos dos mil metros de altura y he superado la segunda cascada. A esta altitud los árboles desaparecen y el paisaje se transforma en algo mucho más indómito e inhóspito, casi marciano. Conozco el camino hasta las cimas, y sé que podría encontrarme con más animales, pero es casi mediodía y el calor es muy intenso, aguzado por el viento caliente y los rayos del sol que me hacen sentir como si estuviera dentro de una secadora de ropa incandescente. Mojo mi camiseta y mi sombrero en un hilo de agua y decido que por hoy ha sido suficiente. 

El verde y frondoso valle me espera allí abajo. El agua me llama, como el canto de las sirenas, irresistible. 

Vuelvo a cruzar el denso y mágico bosque de hayas. Entonces aparece un Trepador azul, un ave preciosa, inquieta y veloz, la única capaz de descender los troncos cabeza abajo. Pero hoy, durante unos segundos, me regala una pose estupenda y logro filmarla. Hasta que desaparece de un salto como impulsada por un resorte.

Las sombras del bosque me llevan de nuevo al maravilloso frescor del arroyo de montaña, en el que como punto y final, la Naturaleza me obsequia con la presencia de una lavandera cascadeña que busca su alimento haciendo equilibrios entre las piedras. Ella no tiene el plumaje impermeable ni puede sumergirse como el mirlo acuático, así que su misión es un “más difícil todavía”.

Nada es fácil en las montañas indómitas. La vida corre como el río, vuela como el aire, y yo agradezco haber podido estar aquí una vez más, disfrutando de las sensaciones que me acercan a ser yo mismo. El Pirineo salvaje de la Val d’Aran nos recuerda que somos una pequeña parte de algo mucho más grande.



FOTOS y VIDEO. Fecha: 28.07.2026. LUGAR: Val d'Aran, Pirineo de Lérida.  Fotos: 1. Buitre leonado (Gyps fulvus) 2. Marmota (Marmota marmota)  3. Vista panorámica del valle. 4. Mirlo acuático (Cinclus cinclus). 5. Yo, observando el paisaje.  CÁMARA: Canon SX70 HS.



Rececho fotográfico de Rebecos salvajes en el Pirineo de Cataluña.

 

Juanto Wild, Juanto Fernandez, Rebeco, Pirineos

Subo a una de mis zonas preferidas del Pirineo para intentar capturar con mi cámara a la fauna salvaje que habita en estas montañas. Aunque la meteorología prometía buen tiempo, a casi 2000 metros de altura el viento sopla en ocasiones por encima de los 50 kilómetros por hora, por lo que la sensación térmica es de unos 8 grados bajo cero.

La alta montaña es un entorno hostil al que hay que ir bien informado y preparado física y técnicamente. Yo sigo un programa semanal de entrenamiento de fuerza y cardio, y a lo largo de mi vida he subido cientos de montañas, incluyendo casi todas las cumbres que puedo divisar desde aquí (JuantoTrek^). Ahora me dedico más a la fotografía de Naturaleza en entornos más amables y accesibles: Montjuïc, Delta del Llobregat, Campos y Bosques de la Cataluña central y otras zonas del país. Pero aquí, en las Montañas del Pirineo, me siento como en casa.

Establezco un primer punto de observación en la amplia cresta que une el Taga con el Puig Estela, dos picos de más de 2000 metros. En mi mochila de 20 litros llevo todo el equipamiento que me permitiría incluso hacer un vivac de emergencia y superar casi cualquier adversidad. Nunca se sabe aquí arriba. Llevo mi mejor cámara y dos objetivos: uno que me servirá para las tomas a larga distancia y otro que utilizaré para los paisajes y detalles. Eso ha añadido dos kilos y medio de peso a mi equipamiento. Como siempre, no llevo trípode y dependeré de mi pulso en las tomas de vídeo.

Mi cámara auxiliar en esta jornada es la de mi propio móvil, que como podrás comprobar en el vídeo deja de responder por momentos, supongo que afectada por el fuerte viento y la baja temperatura.

Ando de un lado al otro de la cresta, de la cara NORTE a la cara SUR y viceversa, a veces atravesando neveros, haciendo círculos cada vez más amplios, hasta que por fin encuentro rastros evidentes de la presencia de Rebecos. Voy cambiando de puesto de observación y rastreo con el zoom las zonas en las que creo que podré encontrarlos. Pero no consigo verlos.

Una bandada de chovas se alimenta al otro lado de la vertiente. Los llamamos los pájaros de las tormentas, porque suelen presagiar el mal tiempo, pero también por la maestría con la que vuelan con ráfagas huracanadas. La previsión es que a partir de las 13 horas el viento irá intensificándose cada vez más. Las nubes en las cumbres más altas cada vez son más oscuras y amenazadoras.

Un gran Buitre leonado planea majestuoso hacia el SUR, y yo lo interpreto como una señal. Decido salir de la cara norte e ir descendiendo por la ladera Sur. Si yo fuera un Rebeco también iría al resguardo del vendaval y buscaría el calor del Sol. Entonces, encuentro nuevos rastros de la presencia de Rebecos.

Queda poco tiempo, mi mente empieza a imaginar Rebecos por todas partes resistiéndose a acabar la jornada sin haberlos visto. Los veo en cada piedra, en cada arbusto, en cada sombra… Hasta que al final una de esas piedras resulta ser un Rebeco salvaje descansando. Me siento para observar mejor y me doy cuenta que no hay solo uno… hay dos… tres!! Ahora empieza la parte más difícil: acercarme al máximo sin que me detecten para poder tomar las mejores imágenes posibles, aunque las turbulencias térmicas que crea el aire caliente en esta ladera no van a ponérmelo nada fácil…

Sigo mi máxima de dispara primero y acércate después. Así que voy acercándome al pequeño rebaño como un leopardo de las nieves, agazapado, con movimientos suaves, aprovechando los pequeños accidentes del terreno a mi favor. Cada vez estoy más cerca, disparo foto, grabo video y vuelvo a acercarme con sigilo. Llego a unos 100 metros del grupo y me tumbo entre unas rocas, junto a unos enebros. Con un traje de ocultación quizás podría haberme acercado más, pero hoy llevo equipamiento técnico de montaña, aunque en tonos verdes y marrones que también ayudan. La adrenalina corre por mis venas y el corazón me late con fuerza.

A partir de aquí, contemplar a los Rebecos y a un grupo de marmotas que están algo más abajo, compensa con creces las casi 8 horas de frío intenso, la subida a la cresta y la búsqueda durante toda la mañana en movimiento constante de aquí para allá.

La Naturaleza siempre recompensa a quién sabe esperar, y la Montaña a los que se esfuerzan por superar sus límites.


A continuación puedes ver el vídeo de 4 minutos. Si te gusta, suscríbete al canal de Youtube para seguir todas mis publicaciones y avistamientos!


FECHA:  30 de Marzo de 2026. LUGAR: E:P.N. Sierra Cavallera. (Girona). FOTOS: 1. Un descanso durante la subida mientras busco a los Rebecos 2. Buitre leonado desde muy lejos (Gyps fulvus) 3. Vista de la cima del Taga y mi equipo. 4. Cuervo grande (Corvus corax) 5. Rebeco pirenaico (Rupicapra pyrenaica).  CÁMARA: Canon EOS R7 + RF 200-800 y RF-S 18-150. Las turbulencias térmicas grabando a 100 metros afectaron negativamente a las imágenes: ondulaciones, temblor, desenfoque... qué le vamos a hacer!! :)

Parque Natural dels Ports: Els Estrets.

 

JuantoWild, Juanto Fernandez, Parc Natural Els Ports, Els Estrets

El Parc Natural dels Ports, situado entre Catalunya, Valencia y Aragón, es un sorprendente espacio natural en el que podrás disfrutar de maravillosos paisajes y de la fauna y flora que en él habitan. En esta ocasión nos decidimos por hacer dos rutas cortas y muy frecuentadas, por lo que las probabilidades de encontrarnos con la fauna salvaje más importante del lugar no eran las mejores.

Por la mañana nos dirigimos desde Horta de St. Joan hasta el área recreativa de La Franqueta. La pista es accesible a todo tipo de vehículos y existen diversos espacios de aparcamiento desde los cuales se pueden iniciar excursiones fáciles y no tan fáciles, de hecho es una zona ideal para practicar escalada en las épocas en las que está permitida. En esta parte del PN puedes visitar la famosa cueva de Picasso, una cavidad espaciosa escondida entre pinos, bojes y acebos, y con mucha suerte podrás observar alguna cabra montesa (Capra pyrenaica) y diversas especies de aves, sobretodo pequeños pájaros de bosque.

Por la tarde nos dirigimos desde Arnes, navegando por pura intuición, hacia la zona de Els Estrets. Aunque buena parte de la pista era apta para cualquier vehículo, algunos de los tramos por los que circulamos solo son accesibles en 4x4. En este sector del parque destaca el río que da nombre al espacio: Els Estrets, en el que con muchísima suerte podrás observar a la Nutria europea (Lutra lutra) y podrás disfrutar de la poza de El Toll Blau: único espacio del parque en el que está permitido el baño en sus aguas cristalinas, en las que nadan diversas especies de peces y anfibios. Pero sobretodo disfrutarás de las vistas desde el camino, que progresa encajonado entre las imponentes paredes rocosas verticales que sobrevuelan los buitres leonados y otras rapaces de forma casi constante.

Una buena opción para pasar un tiempo en la Naturaleza Salvaje y sentirte un poco más cerca de tí mismo.


FECHA: 20.04.2025. LUGAR: Parc Natural dels Ports. Fotos: 1. Río dels Estrets. 2. Jara Blanca (Cistus albidus). 3. Panorámica dels Ports. 4. Peces en el Toll Blau. Algunas especies de este río son endémicas. 5. Buitre leonado (Gyps fulvus). CÁMARA: Canon SX70 HS



Parque Natural de las Cabeceras del Ter y el Freser

 

Juanto Wild, Juanto Fernández, Parque Natural Ter Freser

El Parque Natural de las Cabeceras del Ter y del Freser es uno de los mejores escenarios para descubrir la esencia de la alta montaña pirenaica: un territorio donde el silencio, la fauna salvaje y los paisajes infinitos se combinan en una experiencia difícil de olvidar. En esta ocasión recorremos la zona en ruta 4x4, partiendo de Ribes de Freser y ascendiendo por la pista de Fontlletera. Son casi 30 km de pista forestal, dura y pedregosa en algunos tramos, que nos conduce hasta Tregurà.

A mediados de abril, la nieve se mantiene en las cumbres más altas, encajada entre el Balandrau y el Fontlletera, dibujando un horizonte blanco que acompaña todo el trayecto. Aunque nos cruzamos con algunos senderistas, ciclistas de montaña y otros vehículos todoterreno, la sensación dominante es la de una soledad serena, perfecta para disfrutar del paisaje a un ritmo lento, con paradas constantes para fotografiar cada rincón y a sus habitantes.

Las marmotas, recién salidas de su hibernación, corretean por los prados siempre alerta ante el vuelo de las grandes rapaces. Buscamos rebecos en las laderas, aunque hoy no tenemos suerte. De vez en cuando un buitre leonado traza círculos sobre nuestras cabezas, pequeños pájaros se acercan curiosos y, al fondo, las montañas nevadas observan en silencio. Cada jornada en esta ruta es distinta: en otras ocasiones hemos visto el planeo del Quebrantahuesos, las huellas del zorro y la liebre sobre la nieve, el vuelo majestuoso del Águila Real o la agilidad de los rebecos. Hoy, simplemente, el Pirineo nos ha mostrado otra de sus caras.

Sea cual sea el día, este es un lugar perfecto para desconectar, respirar y dejarse llevar por la naturaleza salvaje de los Pirineos. Un rincón donde perderse para encontrarse.


Fecha: 18.04.25. Lugar: Parc Natural Cabeceras Ter Freser. Fotos: 1.Verderón serrano (Carduelis citrinella). 2. Buitre leonado (Gyps fulvus). 3. Vistas al Pirineo 4. Marmota (Marmota marmota) 5. Pardillo común (Linnaria cannabina)