En enero (2026) me propuse un reto sencillo y ambicioso a la vez: filmar una serie de vídeos que mostraran la diversidad de aves que habitan en Montjuïc. Hasta entonces solo había publicado un vídeo de fotografías con más de veinte especies, una pequeña muestra de las más de cincuenta que tengo registradas en mis anotaciones personales.
Para avanzar en este proyecto salgo dos o tres veces por semana a recorrer distintos rincones de este gran parque urbano, uno de los mayores de Europa. En pleno invierno, a finales de enero, publiqué el primer capítulo. Luego el segundo y el tercero. Hace unos días, ya en mayo, publiqué el cuarto. Y sospecho que no serán los últimos: las aves vienen y van, aparecen y desaparecen, y algunas son prácticamente imposibles de filmar con mis medios o por su presencia estadísticamente improbable. Las he visto, sí, pero en ocasiones muy contadas y soy consciente que será muy difícil repetir estos avistamientos.
Estas tardes de largos paseos camino despacio, atento y presente, con todos los sentidos puestos en lo que ocurre entre los árboles, los arbustos, el cielo y el horizonte. Suelo vestir tonos neutros —negros, verdes, marrones— y nunca llevo trípode. Forma parte de mi manera de entender la fotografía y el vídeo de naturaleza: ligera, móvil, sin artificios. En Montjuïc, además, prefiero no cargar con un equipo pesado. Me acompaña mi SX70 HS, con sus limitaciones… pero todos los capítulos de la serie están filmados con ella, al igual que la mayoría de mis Shorts.
A la hora de grabar, la luz manda. Cuando aparece un ave tengo tres opciones básicas. A veces no hay tiempo: simplemente acciono el obturador. Si detecto el movimiento y puedo acercarme, uso un árbol como apoyo. Y cuando la escena es muy lejana y necesito la máxima estabilidad, me siento en el suelo, apoyo los codos en las rodillas y sostengo la cámara sin tensión. A distancias focales largas, cualquier rigidez se convierte en un vídeo tembloroso.
Mi relación con Montjuïc viene de lejos. De niño pasaba aquí las tardes de verano. De adolescente recorrí cada rincón con mis amigos. De joven viví la transformación de Barcelona’92. De adulto he entrenado, paseado y observado durante años. Conozco el parque, sé dónde pueden estar las aves y en qué época es más probable encontrarlas. Y aun así, Montjuïc siempre me sorprende con escenas que no habría imaginado.
Cada vez estoy más convencido de que Montjuïc no es solo un parque urbano. Es un bosque vivo, un ecosistema frágil y resiliente que todavía hoy puede regalarme momentos inesperados.
Aquí tienes el Capítulo 4 de la serie Aves de Montjuïc, grabado con esa mezcla de paciencia, azar y presencia que este territorio ofrece cuando se camina sin prisa.
FOTOS Fecha: Mayo 2026. LUGAR: Parc de Montjuïc, Barcelona. Fotos: 1. Herrerillo capuchino (Lophophanes cristatus) con una oruga recién cazada. 2. Flor de Ginesta o Retama de olor (Spartium junceum) 3. Caminando entre la vegetación de uno de mis rincones favoritos. 4. Jilguero europeo (Carduelis carduelis) comiendo semillas en los cardos. 5. Mi SX70 HS, compañera ideal para estas filmaciones urbanas.
