La berrea del ciervo ya está llegando a su fin esta temporada, pero aún así viajo hasta el P.N. del Cadí-Moixeró para intentar filmarlos. Me dirijo a una zona en la que nunca he estado, así que esta jornada de caza fotográfica tendrá también un componente importante de reconocimiento y exploración. No tengo un mapa oficial del lugar, aunque pude descargar uno desde internet que me servirá como referencia básica para orientarme. La previsión meteorológica indica temperaturas frescas y algo de viento, con posibilidad de algún chubasco disperso.
Tras casi dos horas de viaje desde Barcelona, llego a primera hora al sitio escogido. Me aproximo en el 4x4 siguiendo pistas de tierra que ponen a prueba tanto al vehículo como a mi destreza al volante. Cuando llego al final de la pista preparo una mochila con todo lo imprescindible y empiezo a caminar. No tardo en encontrar huellas de ciervo en la zona: están aquí. Mi corazón deja caer un profundo suspiro. El bosque de pinos, las montañas y los verdes prados, me regalan un entorno que despierta en mí todas las sensaciones que venía buscando: veo naturaleza y colores por todas partes, siento el olor de los árboles, escucho el canto de los pájaros del bosque, mis pies se hunden en el suelo cubierto de musgo, el viento acaricia mi rostro. El aire es fresco, pero no siento frío. La luz oscila al paso de las nubes altas que tapan por momentos el Sol del otoño, jugando alegremente con las sombras.
Me muevo de aquí para allá con todos los sentidos abiertos, pero no encuentro ciervos. No escucho el bramido de los machos retumbando en los valles, no veo ningún movimiento de cuernas entre la espesura. Dos horas después regreso al coche y decido cambiar de lugar en la misma zona. Recorro la pista inmerso en un traqueteo constante y aparco junto a un espacio que me transmite buenas sensaciones. Allí, tras una larga e intensa búsqueda, encuentro excrementos que, por su aspecto y tamaño, parecen corresponder a un ciervo, quizás a un gran macho. Me sumerjo a pie en el bosque abierto, y durante horas alterno momentos de rececho sigiloso con esperas en absoluto silencio e inmovilidad, como si fuera una parte más del paisaje, otra roca, otro árbol. Pasa volando un arrendajo, escucho el graznido de los cuervos en la lejanía... pero poco más.
Pasa la tarde y la luz se va marchando. Siento que el día toca a su fin y que mi objetivo tendrá que posponerse. Nunca he fotografiado a un ciervo en libertad en su entorno salvaje. Me dirijo al coche, cargo el equipo y desciendo por la pista. Y entonces, la veo. Está en la otra vertiente del valle, a unos doscientos metros, más allá de un barranco insalvable. A simple vista solo es una figura oscura, tranquila, paciente... Desciendo con la cámara y, ante la imposibilidad de acercarme más, enfoco el instante: una preciosa cierva pasta en un claro del bosque entre los pinos, al tiempo que el Sol desaparece tras las montañas boscosas.
Y así, recibo de nuevo un gran regalo de la madre Tierra: mi primer ciervo salvaje en libertad, en plena Naturaleza, que me hace sentir completamente lleno de felicidad.
Sigue intentando aquello que quieres conseguir. Mantén siempre viva tu esperanza.
FOTOS y VIDEO. Fecha: 10.10.2026. LUGAR: Parque Natural Cadí Moixeró, Cataluña. Fotos: 1. Huella de ciervo. 2. Excrementos de ciervo. Por su tamaño, casi 3 centímetros, deduzco que pertenecen a un macho. 3. Vista panorámica de las Montañas del Cadí. 4. Un momento del rececho sigiloso en el bosque. 5. Una hembra de ciervo (Cervus elaphus) pasta tranquila en una zona de bosque abierto a última hora de la tarde, casi sin luz y a doscientos metros. CÁMARA: Canon EOS R7+ RF 200-800.
