Me dirijo al Parque Natural del Montseny para realizar un reportaje que hace tiempo me daba vueltas por la cabeza, y hoy la Vida me dió la gran oportunidad. Llego hasta él por las sinuosas carreteras llenas de curvas, navegando entre nubes blancas que hoy esconden las cimas más altas de este entorno de montaña que tantas y tantas veces he visitado, aunque todavía no lo conozco demasiado. En el punto de inicio de la ruta que tengo previsto realizar hoy, una majestuosa y enorme secuoya centenaria me recibe con sus ramas abiertas hacia el cielo, como si me diera la bienvenida a este lugar casi sagrado, reconocido mundialmente por la UNESCO como reserva de la Biosfera por su extraordinaria biodiversidad.
La ruta que pretendo realizar es circular, sencilla y está bien indicada. Mi objetivo es llegar al Pantano de Santa Fe, avanzando por un bosque mágico de hayas formidables, aunque desnudas por ser todavía pleno invierno. En este día tranquilo, en mitad de la semana, casi no hay visitantes llegados desde las ciudades del entorno, así que los habitantes del bosque se dejan ver con relativa facilidad. Poco a poco voy descubriendo y grabando a muchas de ellas: ranas comunes en pleno ritual de apareamiento en una charca, carboneros rebuscando en los huecos de los árboles, un mirlo cazando entre la hojarasca, un curioso petirrojo que posa a escasos metros de mí, incluso consigo una nueva especie de mi lista personal al fotografiar a un esquivo trepador azul, aunque otras especies pequeñas e inquietas se escapan del objetivo de mi cámara por un suspiro: herrerillos, mitos, mosquiteros...
Los espectaculares paisajes, alternando densos bosques de hayas que se elevan como catedrales, inclinados tramos rocosos y panorámicas impresionantes desde los puntos más altos del sendero, me dejan completamente ensimismado. Por momentos, el aire puro y limpio huele profundamente a hongos dulces, a tierra húmeda, a hojas secas que se descomponen para devolver a la Tierra los nutrientes que necesita todo este ecosistema vivo y tenaz. Veo alguna que otra huella de jabalí y de zorro, marcadas en el barro oscuro, y sombras fugaces que se mueven rápidas como flechas entre los arbustos monte arriba, monte abajo. Atravieso arroyos cristalinos que corren alegres creando un mágico murmullo de vida en el ambiente del bosque que permanece en un silencio apenas roto, por momentos, por los trinos de los seres que viven en él...
Cuando llego al pantano, una hora después, aparece ante mis ojos un espejo azul absolutamente pletórico, con un nivel de agua que no veía desde hace muchos años. Y es que, aquí comencé mis primeros pasos como monitor de naturaleza y aventura en una casa de colonias que ya no existe, aquí mismo, a muy pocos kilómetros de este lugar. El paisaje del lago y el reflejo del cielo en sus aguas cristalinas me emociona intensamente y me lleva súbitamente hasta unos recuerdos que permanecían dormidos dentro de mí, transmitiéndome una energía y una calma interior muy especial, profunda.
Sí, el Montseny y yo tenemos un fuerte vínculo que me alegra haber podido retomar hoy... Y quizás me alegra mucho más poder compartirlo contigo.
A veces, basta con volver a un lugar que te vio empezar para recordar hacia dónde quieres ir.
Espero que disfrutes del vídeo y te transporte hasta allí...
FECHA: 17 de Febrero de 2026. LUGAR: Parc Natural del Montseny (Barcelona). FOTOS: 1. Amplios senderos en el bosque de Hayas (Fagus sylvatica). 2. Carbonero común (Parus major). 3. El esquivo e inconfundible Trepador azul (Sitta europaea). 4.Mirlo común (Turdus merula) 5. Vistas del Pantano de Santa Fe. 6. Petirrojo (Erithacus rubecula). CÁMARA: Canon SX70 HS (ideal para ir muy ligero y sin complicaciones)
