Rececho de Corzos

 

Juanto Wild, Juanto Fernández, Rececho de Corzo, Fotografía Naturaleza

Desayuno en el confortable interior del 4x4 mientras espero a que salga el Sol entre la densa niebla que diluye el paisaje de invierno. Cuando las primeras luces del amanecer se imponen al gris profundo comienzo a recorrer las pistas de tierra, lentamente, entre la bruma, observando el horizonte con toda la atención puesta en la más mínima señal de la presencia de algún animal salvaje.

No tardo demasiado en ver un grupo de Corzos, pero están tan lejos que apenas distingo sus siluetas. Me detengo en un lugar desde el que no podrán verme y salgo del coche con sumo cuidado, sin hacer ningún ruido. Recorro sigilosamente unos doscientos metros y me aproximo a la divisoria agazapado como un leopardo. Ahora puedo verlos mejor: hay dos machos con la cuerna cubierta de borra y cuatro hembras. Parece que están jugando: se persiguen, corretean, saltan, seguramente forma parte de los rituales de cortejo. Mientras tomo algunas imágenes con el zoom al máximo uno de los machos me detecta, clava su mirada en mí y da el aviso al resto. El grupo se pone rápidamente en movimiento y desaparece en un instante tras una loma. Intuyo hacia donde se dirigen, así que regreso al coche, me pongo el traje de ocultación y prosigo…

Minutos después aparco junto al frondoso pinar que rodea la zona en la que creo que podré encontrarlos de nuevo. Cruzo la riera que hoy baja con algo de agua limpia y cristalina, una buena noticia tras tantos años de sequía, y remonto el pedregoso sendero en completo silencio con la cámara preparada. Me muevo como una sombra, procurando fundirme con el entorno sin delatar mi presencia. Al final del camino, camuflado entre los árboles, observo con atención el bello paisaje que despierta. A mi favor, sopla una fuerte y helada brisa que hiela mis ojos.

Dos corzos machos se dirigen hacia el Sur, flanqueando un campo recién sembrado. Están demasiado lejos para tomar una buena foto, así que me dirijo hacia uno de los escondites que conozco en esta zona y por el que seguramente acabarán pasando. Pero antes de llegar al lugar me doy cuenta de que ya están demasiado cerca y yo estoy justo en medio de su trayectoria. Mi corazón empieza a latir con la fuerza de un tambor gigante, respiro… pienso en décimas de segundo: no quiero asustarlos, mi única opción es esconderme precipitadamente aprovechando unas pequeñas encinas que tengo a mi espalda.

Me agacho entre las ramas apoyándome en una rodilla para estabilizar al máximo la cámara. Permanezco inmóvil, mudo, casi invisible. Dos preciosos corzos aparecen en el visor. Miran hacia mí y se detienen. En sus bonitos ojos negros puedo ver que intuyen que hay algo sospechoso justo delante, pero no saben qué es. Olfatean el aire, aguzan sus grandes orejas. Apenas siete metros nos separan. Disparo, disparo, acerco el zoom, disparo… El líder decide no seguir avanzando y precavidamente cambia de rumbo.  Se marchan al trote y sus estilizadas y ágiles figuras se desvanecen. Suspiro profundamente al tiempo que me dejo caer al suelo húmedo y frío del Bosque para revisar las imágenes. Una emoción intensa me invade cuando constato que este momento casi mágico ha quedado plasmado en unas pocas fotos. Después, mientras camino de regreso, siento que esa mirada se ha grabado como un tatuaje en mi alma.


FECHA:  11 de Enero de 2026. LUGAR: Catalunya central. FOTOS: 1. Grupo de corzos "jugando" en un prado entre la niebla.  2. Camuflado entre los árboles (foto desde móvil).  3. Panorámica del paisaje. 4. Corzos macho con cuerna cubierta de borra.  5. Primer plano del corzo líder (Capreolus capreolus). CÁMARA: Canon EOS R7 + RF 200-800.